Marko Daniel: “No acepto que el mundo del arte sea elitista”

21.04.2018

Hacía 37 años que la Fundació Miró estaba bajo las órdenes de Rosa Maria Malet (Badalona, 1948), una directora que ha dejado huella tanto en el museo como en el panorama artístico catalán. Des del noviembre del 2017, Marko Daniel (Alemania, 1964) la ha substituido al mando de la institución, después de trabajar como jefe de programas públicos del Tate Modern y el Tate Britain de Londres. Entrevistamos al nuevo director.

Marko Daniel, el nuevo director de la Fundación Miró | Foto: Pere Pratdesaba © Fundació Joan Miró, Barcelona

Conoces el panorama artístico catalán y español. Para empezar, dedicaste tu tesis doctoral a la Guerra Civil Española, el arte y la propaganda. ¿Por qué elegiste este tema?
Me tomé un año entre el máster y el doctorado para poder pensármelo muy bien, porque cuando escoges un tema sabes que tiene que interesarte lo suficiente para dedicarle tres, cuatro, cinco años. Nunca me hubiera imaginado que pasaría casi todo el resto de mi vida trabajándolo. Fue una suerte, pero también es porque hay distintas maneras de modularlo. Ya no estudio tan directamente la Guerra Civil, pero fue un punto de partida muy interesante porque era un momento en el cual la relación entre cultura, vida y las múltiples formas de crear y de hacer cultura estaban entremezcladas.

¿Cómo evolucionó tu investigación?
A partir de ahí tuve la oportunidad de trabajar como cocomisario de Arte y poder, una exposición que se organizó en Londres y que luego viajó a Barcelona (CCCB) y a Berlín. Hablaba de la Europa de las dictaduras, de los años 30 y 40. Allí pude profundizar más sobre el tema, e inmediatamente después me fui a Taiwán, un país totalmente distinto, lejos de Europa. Allí me di cuenta de que muchos procesos que tenían lugar en Europa se repetían en todo el mundo. Hablo de la relación entre un artista y su entorno. Al volver a Londres, volví a Miró. Entonces ya trabajaba en la Tate. Fui cocomisario de la exposición L’escala de l’evasió, en la cual estudiamos toda la vida de Miró. Así que yo diría que he pasado gran parte de mi vida con temas relacionados con el de mi tesis.

¿Crees que aún te quedan cosas por descubrir de Miró?
Para mi lo importante y lo más interesante de venir aquí ha sido darme cuenta de la relación tan estrecha que hay entre el artista y el arquitecto, Miró i Sert, y el edificio que construyeron conjuntamente. Este es un espacio único en el mundo, también por su situación con un entorno urbanístico de gran belleza. Estamos en Montjuïc mirando la naturaleza y los árboles. Si sales a la terraza ves todo el panorama de Barcelona, una gran ciudad. Eso es también importante para mi, como la fundación tiene un papel muy importante no solo para dar a conocer la obra de Miró sino también para entrar en un diálogo con el público, con los visitantes de Barcelona y de fuera.

¿Qué has aprendido en el Tate que puedas aplicar aquí?
Muchas lecciones en cuanto a organización de trabajo, estructura, relaciones internacionales o colaboraciones, pero también a la hora de repensar y potenciar la relación de la institución con su entorno inmediato: Montjuïc, el Poble Sec, Barcelona. Y también otra cosa que siempre ha sido importante para mi: el mundo del arte puede considerarse elitista y es una postura que no acepto en absoluto. Es un reto, pero quizás sea esto lo que he aprendido en Tate, que es posible hacer una programación audaz y sorprendente para especialistas y para el público en general al mismo tiempo. Me gustaría conseguirlo aquí.

En la dirección de la Fundació Miró substituyes a Rosa Maria Malet, que ha estado 37 años aquí. ¿Te ha dado algún consejo?
Rosa Maria Malet ha sido una gran directora. Ha dado lecciones a todos los comisarios y directores de museos de Europa y del mundo. Todos la conocemos. Aprecio su gran conocimiento de Miró y la manera como ha podido gestionar, dar visión y dirección a una institución como esta durante 37 años, con su autonomía y su independencia de programación. Espero poder aprender muchas cosas de ella.

¿Quieres dar continuidad a su filosofía o crees que hay alguna cosa que debe cambiar?
Las dos cosas pueden coexistir. La continuidad será el espíritu y la persona de Joan Miró a través de su obra, de su manera de pensar, de su manera de crear y de su personalidad. Son elementos claves que tienen que guiar nuestra programación. Pero también es inevitable que después de cuarenta años de existencia haya algunos cambios en la institución. Estamos pensando en qué podemos hacer aquí tanto a nivel de programación como de manera de trabajar, sobretodo si pensamos en la necesidad de hoy en día de colaborar internacionalmente en todos los niveles.

¿Tienes ya alguna idea de con quien establecer vínculos?
Me parece tan importante tener una colaboración potente con un museo de Japón o de Inglaterra como una relación con un grupo de residentes de Poble Sec. Lo importante es el hecho de colaborar y de las cosas que pasan cuando esto pasa. Lo mismo luego tiene que suceder dentro de la Fundación. Me gusta mucho pensar en como podemos colaborar el departamento de comunicación con, por ejemplo, educación y exposiciones. Todas estas colaboraciones tienen un gran potencial.

Es una idea que está muy de moda, la de interdisciplinariedad tanto a nivel interno como externo.
Estamos en un ecosistema cultural en el cual tiene igual importancia que haya múltiples disciplinas dentro de un mismo espacio, como que dentro de cada disciplina haya una diversidad de espacios. Está bien que existan museos grandes, pero también fundaciones, pequeños centros, espacios de artista, talleres, escuelas y academias de bellas artes. Nosotros, como fundación monográfica con un programa muy amplio, tenemos un papel importante en esto. Podemos integrar disciplinas y tipologías de espacios de producción. Por ejemplo, tenemos el Espai13 que es para artistas emergentes y es relevante no solo para nosotros sino para el ecosistema de Barcelona; y también tenemos exposiciones temporales como Beehave, que es de arte pero habla de medioambiente, sociedad y vida.

Es una actitud que cada vez están teniendo más museos, que ven que si no se queden encerrados en si mismos.
No queremos estar encerrados. Queremos vivir y demostrar que tenemos un conocimiento de nuestro papel como institución con una vocación pública. Somos conscientes de que tenemos un papel dentro de la sociedad y que con la programación que desarrollamos esto se hace visible. Damos oportunidades para los barceloneses y para todos los públicos para que vengan aquí y participen de estos procesos.

Ya que hablamos del hecho de conectar los museos, ¿Qué piensas del uso de las tecnologías en los museos y como crees que pueden aplicarse en la Fundació Miró?
Cada día hay más público que viene con el móvil en la mano. Es una herramienta muy importante, no solo para comunicar des de la Fundación sino también para entrar en un diálogo con nuestros públicos, y ellos mismos entre si. Hay mucho trabajo por delante, en casi todas las instituciones estamos buscando como hacerlo. No existe una solución única para todos los museos, quizás ni siquiera para todos los proyectos dentro de un museo. Una de las ventajas de las tecnologías es que te permiten tener una plataforma para hablar con todo el mundo, pero luego no todo el mundo se interesa por lo que dices. Una de las grandes ventajas es que puedes entrar en diálogo con grupos muy concretos para hablar de temas que les interesen.

En las exposiciones temporales podéis tener mayor facilidad para interactuar a través de las nuevas tecnologías, como pasa con Beehave, pero en la colección permanente de Miró es todo un reto poner una mediación tecnológica.
Cuando llegué aquí me explicaron que la Fundación Joan Miró fue una de las primeras en trabajar con audioguías y con la mediación tecnológica en las exposiciones. Seguimos haciendo experimentos y desarrollando proyectos nuevos con investigadores y empresas. Seguramente habrá cambios en la colección permanente, pero claro, no siempre podemos colaborar con un artista que reproduce en una plataforma y en tiempo real el baile de las abejas de la colmena que tenemos encima del techo de la Fundació Miró, de forma que el visitante experimente estas vibraciones tumbado en una sala de exposiciones. Esto, que pasa en Beehave, es algo muy especial. Sería imposible recrearlo en una exposición de Miró, pero no quiere decir que no podamos hacer otras cosas. Podemos jugar también con el entorno natural, por ejemplo.

A parte de todo esto y antes de acabar: una de las primeras polémicas que has vivido aquí ha sido la vaga del personal de sala. Ha sido especialmente polémica porque los trabajadores creen que se ha vulnerado su derecho a huelga, imponiendo un 57% de servicios mínimo alegando un decreto sobre seguridad de las obras. ¿Cuál es tu opinión?
Des de la Fundación respetamos muchísimo el derecho a huelga de los trabajadores. Creo que este es un tema entre la empresa subcontratada y sus trabajadores porque nosotros no entramos directamente en estos procesos. La semana pasada pudimos abrir el museo y creo que los otros museos de Barcelona también. Quiero que seamos un museo moderno y que trabajemos todos conjuntamente, des de las personas de las salas hasta la dirección para conseguir este objetivo.